Suena Daniel Agostini mientras baldea el patio. Se ríe y la escuchamos hablar de los hombres, la noche, los mensajes, autos, invitaciones, casados, divorciados y plata. Ana habla de plata y de hombres. Esos son sus temas. Va de uno al otro, los enlaza, se les ríe. Tiene una hija de mi edad y vivo en su casa cada vez que mis papás se gritan. Ana hace guisos, sale cada fin de semana y confía en nosotras para dejarnos solas, por decisión o necesidad. Atendemos su kiosco, hacemos sus mandados y la acompañamos al solárium: sentadas largos minutos viendo cómo transpira en ese sarcófago de luz violeta noventas.









